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Entre tinta y universo: charla con un escritor mexicano

  • Foto del escritor: yuiris woo
    yuiris woo
  • 21 nov 2025
  • 7 Min. de lectura

Hace un tiempo he tenido la dicha de conocer a mi invitado especial Emilio Caroba, les cuento que el es nacido y criado en México. Tuvimos la fortuna de conocernos en un grupo de escritores que tienen una sola pasión que es la escritura. Hoy día ya el no hace parte de eso pero hemos sembrado una amistad en donde cada vez que podemos nos retroalimentamos mutuamente sobre nuestros escritos y proyectos literarios. Emilio ha aprendido a amar las letras y en verdad que hace un buen trabajo. Me he dado cuenta que cuando uno tiene una pasión en verdad que hace todo lo posible para que eso se lleve a cabo y en Emilio he visto esa entrega y dedicación, el cual es muy admirable. Hace unos meses hizo el lanzamiento de su primer cuento que les estaré compartiendo el link para que lo puedan adquirir, esta disponible en cualquier parte del mundo.


Dejaré de hablar tanta paja y los invitare a que lean la entrevista de nuestro querido invitado.


Yuiris: Cuéntame un poco sobre ti, ¿cuál crees que es tu esencia?


Emilio: Bueno, a mí siempre me ha interesado aprender sobre las cosas que me llaman la atención, y en ese aprendizaje intento alimentar mi curiosidad en la medida en que esas mismas cosas me siguen interesando y llamando la atención. Busco opciones y tomo decisiones que sirven a mi propósito de crecer y seguir aprendiendo, tanto personal como profesionalmente. En mi experiencia, todo sale mejor cuando elijo las cosas que me gustan y me brindan mayor satisfacción, más allá del prestigio social y la recompensa económica. Asimismo, trato de mantener una mente abierta hacia las posibilidades; y aunque muchas veces no es fácil decidirme por una opción, sobre todo en este momento de mi vida como adulto donde toda decisión es importante, al final elijo hacer lo que me hace más sentido.


Y: ¿Por qué decidiste escoger una profesión como la literatura? ¿Qué te apasiona de ella?


E: Me ha gustado leer y escribir desde siempre. Cuando era niño, me encantaban las lecturas que nos dejaban leer en la escuela. Algunos títulos que me marcaron profundamente durante esa época fueron Camilón, comilón de Ana María Machado, Fantasmas, espectros y otros trapos sucios de Jaime Alfonso Sandoval y El gran mago Sirasfi de Norma Muñoz Ledo. Tiempo después, en mi primaria alta, sufrí un bloqueo lector en el que dejé de sentir fascinación por la lectura. En esos años, mis maestros nos obligaban a mis compañeros y a mí a leer y escribir reportes de lectura como si nuestra vida dependiera de ello además de nuestras calificaciones. Me disgustaba mucho esa manera de fomentar la lectura: obligatoria, impositiva y escueta, sin ninguna intención de propiciar un espacio amable con la lectura.


Por suerte, todo mejoró cuando me cambié de escuela para la secundaria y viví un evento llamado “Maratón de lectura”. Era un espacio donde la lectura no se imponía a los estudiantes, sino que se les invitaba a leer. La participación era opcional desde luego y, si decidías participar, tenías que traer todos los libros que quisieras leer durante un día completo de jornada escolar. Sólo te permitían dejar la lectura para ir al baño o para comer a la hora del lunch, y podías traer una almohada para acomodarte entre los colchones que disponían en la cancha cerrada de fútbol de la escuela. Gracias a ese “Maratón de lectura” recuperé el gusto por la lectura y me permití explorar libros que no me dejaban de tarea. Empecé a leer títulos que me llamaban la atención de las librerías y las ferias de libros en mi escuela. Algunos ejemplos de ellos fueron El hobbit de J. R. R. Tolkien, El libro azul de Lluís Prats, los Cuentos de hadas de los hermanos Grimm y La leyenda del rey Arturo y sus caballeros de A. Dalmases.


Durante mi secundaria y preparatoria, tuve la fortuna de tener maestras y maestros que sabían cómo contagiar el gusto por los libros, porque ellos mismos también sentían esa pasión por las historias que nos compartían en el salón de clases. Escucharlos hablar de los personajes, los problemas que enfrentaban, la cosmovisión del mundo que reflejaban en sus diálogos era abrirse una experiencia de identidad, vínculo y pertenencia a través de la lectura. Me enseñaron que leer es una forma de encontrar sentido y propósito sobre lo que puedo decidir con mi vida. Eso es, a mi parecer, lo que más se aprecia de alguien que te enseña literatura.


De la misma forma, algunos de mis maestros nos incitaban a escribir de forma creativa, más allá de enseñarnos a usarla como una herramienta indispensable para la comunicación. Poco a poco, sembraron en mí la posibilidad de contar mis propias historias en resonancia con mis lecturas, mis experiencias y mi observación del mundo. Fue una invitación a atreverme a pensar diferente y compartir el resultado de mis textos con los demás. Fue en ese momento de mi vida, entre mis quince y dieciocho años, que decidí estudiar literatura en la universidad. Han pasado diez años después de eso, y ahora que estoy titulado e iniciado con una trayectoria profesional, sigo caminando en función de esa invitación.


Y: Si tuvieras que escoger uno de tus momentos favoritos como escritor, ¿Cuál sería y por qué?


E: En definitiva, me quedaría con el momento de compartir mis textos con los demás. Creo que no hay mayor satisfacción para cualquier persona que se dedica a las letras y a la escritura, incluso a cualquier tipo de arte, que el acto de mostrar su trabajo a todo el mundo. Hace poco tiempo, terminé de leer una novela juvenil de Toño Malpica, El juego del protagonista sin nombre, en la que habla sobre la finalidad de la obra de arte. En ella, cuenta que la última finalidad de la obra de arte, independientemente de las circunstancias, es que sea vista y apreciada. Poco importa si le va bien o mal, porque de lo contrario, si esa obra nunca se muestra, pierde todo su sentido. El arte consiste en decir cosas y transmitirlas a todas las personas que alcanzan a recibirlas. Y estoy muy de acuerdo con ese punto.


Y: Cuéntanos un poco sobre tu país y lo relacionado tanto con el arte como con la literatura. Haznos saber un poco más sobre tu experiencia siendo escritor en México.


E: En términos generales, se trata de un panorama bastante amplio y complejo. Por un lado, México cuenta con diversas instituciones que promueven el trabajo creativo con el arte y la literatura. Algunos ejemplos concretos son la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM), el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Cada una de estas instituciones ofrece cursos, talleres, diplomados, apoyos y becas con el fin de impulsar el desarrollo de talentos artísticos, sobre todo en jóvenes, con la ayuda y la mentoría de profesionales académicos, autores, creadores y promotores culturales con una trayectoria sólida y altamente reconocida tanto a nivel nacional como a nivel internacional.


Por otro lado, la industria editorial del país tiene una amplia y competente oferta para la recepción de manuscritos de acuerdo con la naturaleza de cada propuesta textual. Desde los grandes grupos editoriales como Penguin Random House, Grupo Plantea, Santillana y el Fondo de Cultura Económica hasta editoriales independientes como Almadía, Sexto Piso y Siglo XXI Editores, por mencionar algunos ejemplos, buscan la promoción de obras artísticas, científicas, literarias y educativas. Muchas veces, por el mismo tema de la competencia en cualquiera de estas editoriales, las posibilidades de enviar un manuscrito para su publicación dependen de un proceso arduo de selección y dictamen de acuerdo con las directrices de sus convocatorias.


En mi caso particular, tuve la buena suerte de encontrar una oportunidad de publicar con La Tinta del Silencio, editorial independiente mexicana con catorce años cumplidos de trayectoria, mediante la convocatoria de un taller dedicado al género literario de la micronovela impartido por el escritor Manuel Barroso. Fueron cinco sesiones de clases divididas entre la teoría y la práctica en el mes de mayo, con el fin de escribir un primer borrador de 40 a 50 páginas para después trabajarlo durante siete meses hasta darle la forma de una propuesta editorial definitiva. Fuimos seis personas que llegamos a la meta de enviar nuestros textos a dictamen con La Tinta del Silencio en diciembre del año pasado. En marzo de este año recibimos el resultado positivo de los editores para continuar con el proceso de publicación. Y así surgió la colección de micronovelas “Los frutos del bonsái”, compuesta por los siguientes seis títulos: Amelado de Eric True, Berlín de Luis Carlos Llamas, Pausar el juego de Alejandro Molina, Restos de un naufragio de Luis Reynaldo Pérez, Somos bestias de Helena Spencer y Odisea y lo que encontró en el parque Ítaca de un servidor.


Y: ¿Qué mensaje de motivación le darías a aquellos jóvenes que aún tienen miedo de escribir?


E: Les diría las mismas palabras que compartió conmigo Alicia Molina, una escritora mexicana que admiro mucho. Ella me dijo: “Atrévete. Atrévete, porque si tú no lo cuentas, nadie más lo puede contar. Si tú haces esa historia, nadie más la va a hacer. Esa idea que está rondando en tu cabeza, si no te atreves y la sacas, nadie lo va a hacer. Atrévete”. Ahora que ya me atreví a escribir y a publicar mi primer libro, procuro recordar siempre esas palabras para perderle el miedo a la página en blanco, trabajar con disciplina y, sobre todo, disfrutar del proceso creativo en mi escritura. Al final, cuando termino un texto, ya sea un cuento o un poema, siento mucha satisfacción de mi trabajo y me emociona la expectativa de poder compartirlo con los demás porque sé que lo que acabo de crear vale mucho la pena.


Emilio ha tenido una trayectoria que está guiada por la curiosidad, el gusto genuino por la lectura y el impacto de maestros que le enseñaron a ver la literatura como un espacio de libertad y sentido. Su pasión por compartir sus textos evidencia que para él el arte solo se completa cuando llega a otros, mientras que su experiencia dentro del panorama literario mexicano revela tanto los retos como las oportunidades que ofrece el país a los nuevos creadores. Su mensaje final —atreverse a escribir y confiar en la propia voz— resume la convicción que ha guiado su camino y que busca transmitir a quienes desean comenzar a contar sus propias historias. Otra vaina que quiero agregar es que a Emilio se le nota a flor de piel la pasión y sobretodo la dedicación que le tiene a sus letras, su don va más allá de un simple escrito.



Título del libro: Odisea y lo que encontró en el parque Ítaca
Título del libro: Odisea y lo que encontró en el parque Ítaca

Instagram de Emilio: @ecaroba_06


Editorial y año de publicación: La Tinta del Silencio, 2025.


Sinopsis


A Odisea le encanta leer, pero no tiene a nadie con quien hablar ni jugar. Todo cambia cuando conoce a Homerito, un niño que comparte su gusto por los mitos griegos. Juntos entablan una gran amistad y viven aventuras en el parque Ítaca donde conocen a unos personajes muy peculiares.


Lo pueden adquirir en el siguiente link:






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